
La capital burguesa de Portugal se llenó de gente la cual recibía sus restos en una de sus capillas brindándole un adiós. El diario vaticano L’Osservatore Romano dedicó un artículo al escritor José Saramago definiéndolo como un populista extremista de ideología antirreligiosa y anclada al marxismo. Esta rivalidad entre el vaticano y el escritor se debe a que Saramago reinterpretó con sarcasmo la Biblia en muchas de sus novelas.
El libro que fue más criticado es ‘El Evangelio según Jesucristo’ (1991) es, de hecho, una reinterpretación irónica y sarcástica del Nuevo Testamento y le hizo ganarse muchos enemigos, tanto dentro de Portugal como fuera. El libro fue vetado en 1992 cuando se retiró de la lista de candidatos al Premio Literario Europeo por el propio gobierno portugués, un gobierno laico. Según este gobierno “esta obra es como una relectura de los evangelios, es como un viaje al origen de una religión”. Por esto Saramago se exilió en Lanzarote, ahí permaneció hasta el día de su muerte. El autor dijo de este libro “es un manual de malas costumbres y un catálogo de crueldades sin el cual el ser humano estaría mejor”, le añade elementos nuevos como la crucifixión de San José, su matrimonio con Maria Magdalena o su aceptación resignada de la voluntad de Dios.
“Caín” fue la última novela que escribió José antes de morir, con esta obra Saramago retomó la temática religiosa reinterpretando pasajes bíblicos referido al asesinato de Abel a manos de su hermano Caín. Saramago dijo sobre esta novela “Dios no es de fiar, es cruel, mala persona y vengativo”, aumentó también “Dios es el autor intelectual del asesinato de Abel al despreciar el sacrificio que Caín le había ofrecido. No es de fiar. ¿Qué diablos de Dios es éste que, para enaltecer a Abel, desprecia a Caín?”.
El diario hispanidad, com recogió declaraciones del escritor portugués afirmando “Me hice ateo cuando me enfadé con Dios”.Cuando el escritor concedió esta entrevista al diario ya había contraído la leucemia que acabó con su vida, y sin embargó no parece que sintiera la necesidad de buscarle un sentido a la vida por lo que se desprende de sus declaraciones: “Tengo asumido que Dios no existe, por tanto no tuve necesidad de llamarlo en la situación en que me encontraba, en referencia al momento en el que contrajo la enfermedad-. Y si de pronto él apareciera, ¿qué tendría que decirle o pedirle, que me prolongase la vida?".
Para Saramago el problema de la Iglesia es que necesita de la muerte para vivir, sin muerte no podría haber Iglesia porque no habría resurrección. Afirma que las religiones cristianas se alimentan de la muerte, que la piedra angular sobre la que se asienta el edificio administrativo, teológico, ideológico y represor de la Iglesia se desmoronaría si la muerte dejara de existir. Por eso los obispos en la novela convocan una campaña de oración para que vuelva la muerte. Parece cruel, pero sin la muerte y la resurrección, la religión no podría seguir diciendo que nos portemos bien para vivir la vida eterna en el más allá. Si la vida eterna estuviera acá...
El libro que fue más criticado es ‘El Evangelio según Jesucristo’ (1991) es, de hecho, una reinterpretación irónica y sarcástica del Nuevo Testamento y le hizo ganarse muchos enemigos, tanto dentro de Portugal como fuera. El libro fue vetado en 1992 cuando se retiró de la lista de candidatos al Premio Literario Europeo por el propio gobierno portugués, un gobierno laico. Según este gobierno “esta obra es como una relectura de los evangelios, es como un viaje al origen de una religión”. Por esto Saramago se exilió en Lanzarote, ahí permaneció hasta el día de su muerte. El autor dijo de este libro “es un manual de malas costumbres y un catálogo de crueldades sin el cual el ser humano estaría mejor”, le añade elementos nuevos como la crucifixión de San José, su matrimonio con Maria Magdalena o su aceptación resignada de la voluntad de Dios.
“Caín” fue la última novela que escribió José antes de morir, con esta obra Saramago retomó la temática religiosa reinterpretando pasajes bíblicos referido al asesinato de Abel a manos de su hermano Caín. Saramago dijo sobre esta novela “Dios no es de fiar, es cruel, mala persona y vengativo”, aumentó también “Dios es el autor intelectual del asesinato de Abel al despreciar el sacrificio que Caín le había ofrecido. No es de fiar. ¿Qué diablos de Dios es éste que, para enaltecer a Abel, desprecia a Caín?”.
El diario hispanidad, com recogió declaraciones del escritor portugués afirmando “Me hice ateo cuando me enfadé con Dios”.Cuando el escritor concedió esta entrevista al diario ya había contraído la leucemia que acabó con su vida, y sin embargó no parece que sintiera la necesidad de buscarle un sentido a la vida por lo que se desprende de sus declaraciones: “Tengo asumido que Dios no existe, por tanto no tuve necesidad de llamarlo en la situación en que me encontraba, en referencia al momento en el que contrajo la enfermedad-. Y si de pronto él apareciera, ¿qué tendría que decirle o pedirle, que me prolongase la vida?".
Para Saramago el problema de la Iglesia es que necesita de la muerte para vivir, sin muerte no podría haber Iglesia porque no habría resurrección. Afirma que las religiones cristianas se alimentan de la muerte, que la piedra angular sobre la que se asienta el edificio administrativo, teológico, ideológico y represor de la Iglesia se desmoronaría si la muerte dejara de existir. Por eso los obispos en la novela convocan una campaña de oración para que vuelva la muerte. Parece cruel, pero sin la muerte y la resurrección, la religión no podría seguir diciendo que nos portemos bien para vivir la vida eterna en el más allá. Si la vida eterna estuviera acá...
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