sábado, 3 de julio de 2010

El ocaso de un escritor


Chejov y Suviron, salieron a cenar una fría noche de marzo en Moscú sin pensar lo que les ocurriría minutos después. Suviron era el amigo confidente de Chejov y era común que siempre cenen juntos, a pesar que el primero de ellos era un magnate de la prensa y el segundo un socialista. Los dos íntimos amigos fueron al lujoso restaurante L’Ermitage decididos a degustar los más exquisitos platos además de licores. Esa noche parecía ser como otras tantas, el restaurante se encontraba repleto de gente y los mozos se acercaban a las mesas de forma atenta.

Chejov se sentó frente a Suviron ya listo para ordenar, inesperadamente la sangre empezó a correr por su nariz llegando a manchar su impecable atuendo. Inmediatamente Suvorin trató de parar la hemorragia, lo llevó a su cuarto y mientras lo atendía la sangre volvía a brotar.
Una vez internado, Chejov recibió la visita de su hermana María quien con dificultades llegó a la clínica. Al ver a su hermano, algo dentro de ella se conmovió, Chejov estaba prohibido de hablar, no permitían la visita de amigos, sin embargo, muchos regalos fueron enviados por ellos deseando la recuperación. María ya no podía más, el hecho de ver un bosquejo hecho por los doctores sobre los pulmones de Chejov le hicieron entender que la tuberculosis avanzaba rápidamente.

Leon Tolstoi se acercó a la clínica en busca de Chejov al cual apreciaba o mejor dicho lo amaba, “estoy contento de amar a Chejov” era lo que expresaba. Aunque también decía que no tenía un buen concepto del autor de teatro. Más tarde Chejov escribiría acerca de esa visita “"Tolstoi piensa que todos los seres (tanto humanos como animales) seguiremos viviendo en un principio (razón, amor...) cuya esencia y fines son algo arcano para nosotros... De nada me sirve tal inmortalidad. No la entiendo, y Lev Nikolaievich se asombraba de que no pudiera entenderla."
Cuando Chejov fue diagnosticado de tuberculosis trató de minimizar su enfermedad, se podría decir que él pensaba que podía superar la enfermedad como si fuera algo leve, tenía siempre la esperanza de una mejoría. Pero esta nunca llego y al aparecer los rayos de sol de verano Chejov dejó de sentir el sufrimiento de esa enfermedad.

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