lunes, 12 de abril de 2010

Una lucha por sobrevivir






Con 75 años de edad, Mary Cogan cuenta para un diario como sobrevivió en los campos de concentración donde murieron más de 6 millones de judíos.
Era de noche cuando un soldado nazi entró a la casa de Mary, con 4 años de edad, para llevarla en una carreta junto a su familia judía, abuelos y madre, a un campo de concentración desde su pueblo de Hotín en Besarabia a finales de 1939. Pasaban los días y el lugar estaba lleno de judíos y gitanos, quienes al no ser alimentados iban muriendo poco a poco.
“Nos pusieron en fila, hasta que formamos un convoy. Actualmente cuando alguien me pide que cuente mi historia yo la suelo titular camino hacia la muerte. Todos sabíamos que esa era la finalidad, sabíamos que íbamos al matadero”, fue lo que declaró Mary a Antonio Alvarez, periodista del diario El Comercio.

Uno de esos días la niña vio como su abuelo fue acribillado por uno de los soldados, este no tuvo piedad de matarlo en frente de ella y otras personas más quienes pedían que no le haga daño, luego de esto, lo lanzó al río sin reparos. Mary menciona que ese día fue la primera vez que tuvo un contacto directo con la muerte.
Caminaron por algún tiempo, hasta que se instalaron en un campo de concentración ubicado en Moguilov. Ahí la gente vivía en muy malas condiciones, no había espacio suficiente para todos y debían hacer sus necesidades en el mismo lugar donde dormían, no eran alimentados y la suciedad los invadía día a día hasta llegar al punto que debían convivir con los piojos y la sarna.
Días después la abuela no pudo sobrevivir a este tipo de vida, así fue que se quedaron solas Mary junto a su madre, Ena Ghitzis, la cual no quería seguir los pasos de sus padres; además una cámara de gas fue instalada cerca y esto fue motivo de que el temor aumente. Fue así que pensaron en escapar de ese lugar y se aventuraron a salir del campo de concentración las dos juntas.


“Yo tenía tanto miedo, pero lo hicimos. Nos arrastramos. Los alambres de púas de las cercas nos desgarraban la espalda y nos sangraba el pecho por el contacto con las piedras”, recuerda Mary; no sabe cuánto fue lo que avanzaron, se arrastraban en silencio tratando de no respirar mientras le dolía el pecho por las heridas.
Se encontraron con un tren, sin saber cuál era el rumbo de esto, se subieron sin pensarlo dos veces hasta que llegaron a Chernóbil donde les dijeron que el padre de Mary, el cual se encontraba en Perú, las estaba buscando.
Llegaron a Perú en 1948, luego de casi 8 años de incertidumbre al no saber qué pasaría con sus vidas.
Junto a su padre, Mary pudo empezar una nueva vida dejando atrás la tragedia vivida, se instaló en el jirón Humboldt 408 de la Victoria, pudo estudiar una carrera y formó una familia que la ayudó a olvidar lo sucedido.

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