Era el 12 de Setiembre de 1992, cuando el General Quetìn Vidal divisa una escuela de ballet en pleno Surquillo, sabía que arriba de ésta se encontraría la persona más buscada en esa época; y así fue, ahí se encontraba Manuel Rubén Abimael Guzmán Reynoso, líder del movimiento terrorista-Sendero Luminoso. Vidal irrumpió en la casa junto al grupo de inteligencia de la policía nacional del Perú llamado GEIN, el cual comandaba; apuntando con fusiles a toda persona que encontraban en el camino hasta llegar a la última habitación donde se hallaba el líder de Sendero Luminoso quien estaba siendo protegido por una mujer que sostenía una bandera roja en la mano, era Elena Iparraguirre, pareja sentimental de Guzmán, este actúo de manera calmada pues sabía que no tenía escapatoria.
La celda donde Guzmán pasa sus días en completa soledad condenado a cadena perpetua mide 2 por 3 metros, dentro se encuentra una cama de cemento, un lava manos y una letrina que desagua desde fuera. Hay días en que se le permite salir al patio pero no puede cruzarse con nadie; la cárcel fue construida especialmente para él, contando con gran seguridad. Las paredes son de 40 centímetros de espesor, hechas de concreto armado a prueba de explosivos. Cuenta además con puertas metálicas custodiadas y un muro de 8 metros de altura rematado con alambre de púas y vigilado desde varias torres. Por otro lado, en el perímetro exterior se encuentra un campo minado, al pasar éste, uno se encuentra con 200 metros de pantano hasta llegar al mar; al otro lado de la cárcel se encuentra la base naval del callao.
En conclusión, es imposible que Guzmán pudiera escapar por la gran seguridad de la cárcel y porque cuenta con más 70 años además de graves problemas de presión los cuales se van complicando día a día mientras nadie se acerca a brindarle compañía los días de visita.
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